Con el casco en el brazo, levemente fuera de su cabeza, sin amarrar, en el manubrio o simplemente sin portarlo son algunas de las circunstancias en las que la Policía de Tránsito sorprende a parte de los motociclistas en carretera.
Pese a la protección que les brinda, algunos motociclistas insisten en no proteger adecuadamente su cabeza, o permiten esa conducta en la persona que los acompaña en la motocicleta, detallaron en la Dirección General de la Policía de Tránsito.
Especificaron que, con corte a setiembre, se suman 3.061 boletas de ¢123.000 por no llevar el casco o llevarlo mal puesto, un monto que bien les alcanzaría para comprar un casco de muy buena calidad.
Para las autoridades, es reprochable que se les deba sancionar por no querer proteger su integridad física o la de su esposa, su hijo, su hermano, su amiga. En algunos casos, lo llevan puesto, pero sin amarrar, sin querer entender que en un accidente ese casco quedará a 50 metros de distancia, en lugar de protegerles la cabeza.
También externaron su pesar que, por atender el celular, algo muy habitual en personas que usan la motocicleta para dar servicios de entrega de mercancías, andan el casco suelto, para poder colocar el teléfono entre el casco y su cabeza.
Pero no solo ocurre la ausencia del casco o su uso inadecuado en quienes conducen la motocicleta, también permiten que quienes lo acompañan no cumplan con el uso de este valioso dispositivo. A setiembre, 1.995 conductores de este automotor recibieron la misma sanción, porque su acompañante no usaba casco o le llevaban mal puesto.
Incluso, también con corte al mes pasado, se registran 6.269 boletas de ¢61.000 por no cumplir algo tan simple como usar indumentaria reflectante de la luz, como un chaleco, una cinta o una chaqueta con reflectantes, por ejemplo.
En lo que va del año, 271 personas en motocicleta perdieron la vida en el sitio del accidente vial, es decir, casi uno por día, entendiendo que al 30 de setiembre habían transcurrido 273 días del año.
Dicho diferente, esa cifra representa el 59% del total de 459 decesos en carretera en los tres primeros trimestres del año, lo que en números redondos implica que 6 de cada 10 fallecidos iban en este tipo de vehículo, lo que lo convierte en el automotor en el que más mueren personas (una constante desde el año 2014).